Giulia Sonetti, Politecnico de Turin
 
¿Qué pasa cuando un empleado cualquiera de una paquidermica organización -como es la universidad- se aburre de estar sentado detrás del ordenador y empieza a usar sus zapatos y sus palabras para contagiar sus colegas hacia la acción?

¿Y si ese virus de la colaboración (de hecho no es una bacteria, porque es algo que para vivir y multiplicarse necesita introducirse en un organismo vivente) se establece en personas abiertas y positivas, cansadas de oir quejas y con ganas de cambiar algo, por lo menos en el propio entorno?
Bueno, una idea de la “síndrome Nexus24” (bautizada así ahora mismo en la literatura médica internacional) la tenéis en estas fotos, robadas el día de la “Sessió Final de Projectes 2015/2 – Anunci projectes 2016”, en la mañana del 26 de Abril 2016.
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Acabo de doctorarme en el Politecnico de Turin con una tesis que hablaba justo de la evaluación de la sostenibilidad de los campus universitarios, y al final de 200 páginas de números, datos y comparación de rankings internacionales,  KWh e indicadores complejos pues… finalmente me doy cuenta que quizás ser sostenible es lo que veo en estas fotos. Con cero recursos económicos, pidiendo simplemente la autorización para utilizar horas de trabajo para hacer realidad una idea, un proyecto, una tarea que aporta mejoras en la comunidad universitaria, el Nexus24 de Didac, María y muchos otros (¡quizás tú también que lo estás leyendo!), ha llevado a cabo un sorprendente resultado.
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El aula Master el pasado martes estaba llena de amigos (porque si que acaban siendo amigos paelleros estos semblantes con quien te encuentras en la colaboración hacia un objetivo común), sonrisas, risas franca y comida traídas por cada uno de los presentes. Fruto de ese compartir fueron proyectos como el Banco del tiempo, donde la moneda para la traducción de un papel en inglés o la tarta de cumple de tu hijo es una hora de tu tiempo; o el MailToTicket, donde un software te evita gastar energías y tiempos en compilaciones de acciones repetitivas y inútiles; o el MEET UPC, un colectivo de motivados que quieren abrir la UPC (en sus espacios, actividades y servicios) a todos sus usuarios; o el Fem FunQ, para AUDIT “facili e divertenti” (soy italiana y así me dicen todos los españoles mostrándome el dorso de las manos); o el On són les fotos?, no sólo para los nostálgicos de la vieja UPC, sino para recoger y hacer accesibles las trazas de identidad colectiva de la nuestra universidad.
Sí, me atreví a decir “nuestra”: llevo aquí casi dos meses, no soy una empleada ni una estudiante de la UPC (todavía!), pero me siento ya acogida y con ganas de colaborar (se han fijado cuantas palabras en este post empiezan con el lema “col…”? O sea, con la raíz latina cum=con? ) con este equipo, para mejorar la calidad del tiempo que día a día dedicamos a nuestro trabajo, a nuestros amigos, a nosotros mismos.
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